Ningún arquitecto apostaba por que en una Sevilla decimonónica, con décadas de atraso con respecto a las regiones industrializadas españolas, una Sevilla con calles sin urbanizar, sin alcantarillado en gran parte de la ciudad, sin visos de crecimiento, una Sevilla dirigida por una burguesía que a pesar de lo que se pueda pensar, esta conformada no sólo por terratenientes, sino también por médicos, ingenieros y grandes restauradores y hoteleros. La arquitectura de principio de siglo, bajo la estética modernista reflejo esta diversidad, con clínicas como la del Doctor Seras o Murga, edificios para profesionales liberales como el Edificio para la Sociedad de Ingeniería o grandes establecimientos de restauración como el Café París o el Pasaje Oriente.
Por tanto no es de extrañar que para la Exposición iberoamericana el proyecto alternativo al de Aníbal González, realizado por Fermín del Álamo reflejara la estética modernista. En 1911 se convocó a los arquitectos Sevillanos de la época, entre los que se encontraban arquitectos eminentemente modernistas como Simón Barris, Aurelio Gómez Millán o José Gómez Otero y regionalistas como Aníbal González o Juan Talavera y Heredia, para dilucidar las bases del concurso para la Exposición. En principio, según rezaban las bases en su articulo 15, primaba la libertad expresiva: "El estilo de las diferentes construcciones, la forma y la altura de las naves, clases de materiales, distribución interior, etc, serán puntos a resolver por el concursante"
El pensamiento de los arquitectos sevillanos sobre la exposición se puede resumir en:
-José Gómez Otero: Pensaba que no debían destruirse los jardines de San Telmo.
-Aníbal González: Opinaba que el presupuesto era insuficiente y más cuando Forestier se llevaba 500.000 pesetas por adecentar el parque
-José Espiau: Era muy pesimista, no había ni tiempo, ni dinero, ni lugar para acometer una obra de tal magnitud
-Juan Talavera: Piensa que la exposición puede servir para el resurgimiento de la arquitectura Sevillana, muy simplificada con el estilo romántico.
En principio las dificultades para que un arquitecto no sevillano como era Fermín del Álamo eran insalvables, ya que no residía en Sevilla, ni conocía de primera mano el "estilo sevillano". Como curiosidad, se presento un tercer proyecto, no firmado, aunque atribuido al arquitecto Mundet Ferrás llamado "!Adelante! Que llevas al César".
El proyecto de Fermín del Álamo estaba relacionado con la obra de Josep María Olbrich. Los pabellones más representativos del proyecto son: Palacio de Industrias y Manufacturas, de Maquinaria y Minería, de Agricultura y Fomento.
El de Industrias y Manufacturas, uno de los más atrevidos, giraba en torno a una rotonda central. Lo pensaba construir según un sistema adintelado en combinación con sectores de arco y bóveda con armaduras mixtas de hierro y ladrillo. La ornamentación era a base de yeserías.
El Palacio de Maquinaria y Minería se centraba en una cascada flanqueada por escalinatas de peldaños decorados con vidrios de colores. El palacio de Agricultura posee una estructura similar a este. Según del Álamo define en el anteproyecto: "una gran sala central en la que corren dos filas de columnas que sostienen las cubiertas; esta sala, en la que esta la puerta principal de entrada, tiene 44 metros de largo por 28 de ancho; paralelamente a ella y dos por cada lado, corren nuevas crujías de 10 metros de ancho por 24 de largo.
El pabellón de Fomento, según Fermín del Álamo: "se ha procurado dar cierto carácter industrial a su fachada, haciendo resaltar el sistema constructivo de pilares y contrafuertes".
A la hora de valorar el proyecto del arquitecto riojano, la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, lo rechazaba por que: "la belleza no es ni puede ser patrimonio exclusivo de un arte o de un estilo (modernismo)". Por supuesto destierra el estilo modernista: "El estilo modernista sí puede arraigar en otros suelos, no es de creer que entre nosotros adquieran nunca carta de naturaleza, pues a ello se oponen no sólo el cielo y el suelo, sino la historia y la tradición que hacen de Sevilla una ciudad típica con rasgos tan caracteriscos, tan propios, que por eso nos visitan los viajeros de las más apartadas regiones". El evidente chovinismo sevillano de estas palabras, más sentimentales que artísticas, explican por que el proyecto de Fermín del Álamo fue rechazado.



